Esa noche quedamos con Lieven, que estaba de visita en Bruselas, con su novia canadiense Catleen y su amiga Robin. Hablando con las canadienses resultó que conocían a un amigo mio, Gonzalo Manera, ya que habían ido con él y su ex-novia en un road trip a Suecia. ¡Qué pequeño es el mundo!
Mientras cenábamos en La Fin du Siècle nos llamó el Moja y nos comunicó que finalmente el francés se quedaba con la casa y que al día siguiente iban a firmar el contrato. Contentos y más tranquilos, seguimos la noche en otro bar. No fue una noche muy larga ya que al día siguiente teníamos planeado participar en una brocante que se celebraba en nuestra misma calle.
Pese a irnos a la cama relativamente pronto y los infructuosos intentos de madrugar, nos terminó despertando Jose Miguel, al que habíamos pedido que nos ayudase en el mercadeo (más bien en el transporte de muebles). A eso de las 11 ya estábamos instalados en nuestro lugar del mercadillo, viendo pasar a compradores en potencia. La mayoría de los puestos vendían chorraditas y había algunos que eran vendedores profesionales, que tenían de toooodoooo. Mucho me costó no irme del puesto y pasarme al bando de los clientes.
Había hecho una lista de todo lo vendible que teníamos y habíamos asignados precios a todos los artículos.

A eso de las 6:30 dimos por finalizada la venta y metimos nuestras mermadas pertenencias en el coche. Esta vez sólo nos hizo falta hacer un viaje. Sin vender quedaron nuestro sofá individual, cuatro sillas de madera, dos lamparitas de mesilla, una pantalla del ordenador, un perchero de metal para colgar, dos mantitas de forro polar y una alfombra roja de Ikea. [Para intentar vender todo eso y algunas cosas más que no llevamos al mercadillo, he montado otra blog y he puesto un anuncio en xpats.com y me congratula comunicaros que nuestras sobras se venden como churros].
Y para ir terminando, que me enrollo más que las persianas, os comentaré de pasada que, tras la brocante, Jose Miguel, María y yo fuimos a ver a B. B. King. Cuando llegamos a las inmediaciones de le Forest National, donde se celebraba el concierto, no había un parking libre en kilómetros a la redonda y centenares ed vehículos buscaban un sitio como nosotros. Gran cagada. Finalmente intentamos aparcar en una gasolinera, haciendo un poco el paripé, pero el encargado nos dijo que nanai: "Si quereis aparcar, pero se os va a llevar el coche la grua... y son 200 € y varias horas de espera...". "¿Sólo 200 €?", preguntó María mientras nos íbamos. ero eso fue suficiente para que el encargado se percatase de su acento español y, dado que el era asturiano, nos dejase aparcar en su sitio. Todavía no me creo la suerte que tuvimos...
Ese día B. B. King cumplía 81 años y el concierto fue memorable. Qué más decir... Para compensar, por tanta agitación sabadera, el domingo nos quedamos en casa descansando y vagueando, que se nos da muy bien. Pero eso si, casi sin muebles ni preocupaciones.